Fase de guerrillas
FASE
DE GUERRILAS
La muerte de Morelos dejó
sin un líder clave a la insurgencia provocando un escenario nuevo de
resistencia y de ataques más desorganizados y dispersos.
GUERRA
DE GUERRILLAS
Esta táctica militar fue utilizada en esta etapa de resistencia y consistió en atacar al enemigo realista mediante ataques rápidos y sorpresivos.
Tras la muerte del líder insurgente José María Morelos y Pavón, el ejército criollo quedó sin un caudillo que los guiara y ordenara, por lo que se sucedieron múltiples combates sin una estrategia y orden establecido.
Nuevos líderes surgieron y establecieron su lucha en distintas zonas: Manuel Mier y Terán en Tehuacán, Guadalupe Victoria en Puente de Rey, Nicolás Bravo en el sur, Vicente Guerrero en la Sierra Madre del sur, entre otros caudillos que contaban con múltiples hombres bajo su mando.
Vicente Guerrero
En el año 1816, la muerte del militar y sacerdote José
Morelos implicará que muchos líderes de la insurgencia decidan alejarse de la
guerra, sin embargo, esa no fue la postura de Guerrero quien siguió peleando en
este sentido y comprometido con la causa.
La resistencia insurgente de 1816 a
1820
Después
de años de rebelión, el territorio de la Nueva España se encontraba devastadoy
el orden político empezaba a desmoronarse por el esfuerzo de acabar con la
insurgencia.Muchos clérigos, funcionarios y empresarios peninsulares
abandonaron las poblaciones portemor a los rebeldes y fueron sustituidos por
oficiales europeos. De esta forma, el gobiernoadquirió un carácter militar y
los nuevos administradores fijaron exigencias a los lugareños.Los soldados
consideraron a todos los americanos como sus enemigos e infligieron golpes
yotro tipo de avisos a los indios. Los novohispanos se percataban así de que el
régimen jurídicohabía dejado de funcionar.En septiembre de 1816, Calleja fue sustituido
como virrey de la Nueva España por JuanRuiz de Apodaca. El nuevo virrey empezó
una política de reconciliación al otorgar laamnistía a los rebeldes (Rodríguez,
1992: 58). Con Apodaca, el movimiento insurgente casise esfumó, pues se habían
rendido Melchor Múzquiz, en Monte Blanco, cerca de Córdoba,y Ramón López Rayón
entregó el fuerte de Cóporo, en Michoacán. El doctor José MaríaCos se acogió al
indulto, al igual que Francisco Osorno, Juan N. Rosains y Francisco
Muñiz.Nicolás Bravo, López Rayón y Verduzco, después de ser apresados, también
se acogieron alndulto.En fecha 15 de abril de 1817, un nuevo acontecimiento
impulsó el movimientoindependentista de la Nueva España. Francisco Javier Mina
desembarcó en Soto la Marina,Tamaulipas. Mina nació en España, el 1 de julio de
1789, se opuso a Fernando VII por haberderogado la constitución de Cádiz de
1812 y disuelto las Cortes. Perseguido, tuvo que emigrar.Residió en Francia y
luego en Inglaterra. En Londres, se vinculó con fray Servando Teresa deMier —quien
era originario de la Nueva España—. Éste era hombre de ideas republicanasy
enemigo de todo gobierno absolutista; por ello, fue remitido a España (En 1816,
Mina partió de Inglaterra hacia Estados Unidos y de ahí a México, y con
250hombres desembarcó en Soto la Marina. Lanzó varias proclamas y se
comprometió a lucharpor la emancipación de los americanos


Francisco
Xavier o Javier Mina;
Mina organizó un grupo de hombres desde Estados Unidos
teniendo como experiencia su participación en las guerrillas contra la
monarquía en el sector de los Pirineos. Sin embargo, el ejército insurgente
había sido diezmado mientras que el español aumentaba considerablemente y se
ubicaban en la totalidad del territorio novohispano.
Cien soldados realistas se unieron a las filas del
Ejército Auxiliador de la República Mexicana, pero la noticia del desembarco el cual ya se esperaba llegó a la capital. De inmediato, los ejércitos
realistas se pusieron en marcha para confrontar a los recién llegados. Al mismo
tiempo, desde Veracruz, zarparon la fragataSabina y las goletas Belona y
Prosperina al mando del comandante Francisco de Berenger. Los barcos de la
expedición de Mina se encontraban abandonados, no obstante lo cual fueron
incendiados y destruidos por órdenes de Berenger
OFENSIVAS
DE MINA Y GUERRERO
Mina realizó una expedición
contra los realistas teniendo éxito en algunas de sus maniobras. Durante su
estadía en el Fuerte del Sombrero fue sitiado por las fuerzas españolas
lideradas por el virrey Apocada. El sitio acorraló las fuerzas de Mina
dejándolos sin víveres y municiones. Cuando intentó huir y reabastecer el
fuerte, no logró retornar nuevamente.
Mina se trasladó hacia
Guanajuato donde se refugió junto a Pedro Moreno para recuperar las fuerzas
pero ambos fueron sorprendidos y atacados. Moreno falleció en el acto y Mina
fue capturado y fue llevado a juicio frente a un consejo de guerra siendo fusilado
el 11 de noviembre de 1817.
Tras la muerte de Mina el
panorama siguió siendo desalentador, muchos fuertes cayeron en manos realistas
y líderes como Rayón o Bravo fueron apresados y condenados a cadena perpetua.
Sin embargo, las fuerzas insurgentes no se dieron por vencidas y surgieron
nuevos líderes en la lucha.
Guadalupe Victoria y Vicente
Guerrero continuaran enfrentándose a los españoles, ambos en distintas zonas.
De los dos, el más experimentado era Guerrero y no dudo en demostrar sus dotes
en el combate.
Fue así como tuvo éxito en
varias batallas mediante las cuales obtuvo recursos para reforzar la lucha. De
este modo, la acción insurgente se revitalizó y fortaleció, las tropas sureñas
lograron avanzar y los realistas no pudieron contener este ataque. Esto marcó
el inicio de la cuarta y última etapa de la lucha por la obtención de la
Independencia de México.


Situación
en otras áreas durante 1817
Los jefes insurgentes
siguieron operando de forma independiente. En Orizaba, Ignacio Couto fue
rechazado por el coronel José Ruiz durante los primeros meses de 1817, su grupo
de setenta y cinco hombres fue obligado a replegarse a Palmillas en donde fue
sitiado durante todo el mes de julio por el coronel Santa Marina. Los
insurgentes intentaron escapar pero fueron capturados y fusilados en Huatusco y
Orizaba. Couto fue llevado a Puebla para ser ejecutado, pero logró evadir la
prisión con la ayuda José Manuel de Herrera; sin embargo, no regresó a las
armas debido a que a él, y a su hermano José Antonio, se les concedió el
indulto meses más tarde. Adicionalmente, las guerrillas de Nautla, comandadas
por Serafín Olarte, fueron derrotadas por completo por Carlos María
Llorente.294 Al caer estas posiciones, Guadalupe Victoria, en lugar de
indultarse, prefirió refugiarse en la zona de Jamapa y no volvió a aparecer en
escena hasta 1821. Durante mayo y junio, Benedicto López pudo rechazar en
Maravatío los asedios del mayor Pío María Ruiz, mientras que Nicolás Bravo
reconstruyó la fortaleza del cerro del Cóporo logrando derrotar el 1 de
septiembre al coronel Ignacio Mora en la Batalla del Cerro de Cóporo.276 La
fortaleza fue sitiada en noviembre por el comandante Márquez Donayo; Bendicto
López intentó romper la línea sitiadora para llevar alimentos y pertrechos,
pero el 29 de noviembre fue liquidado por los realistas. Ramón López Rayón, que
ya se encontraba indultado, indicó a Márquez Donayo los sitios vulnerables de
la fortificación, de tal suerte que el lugar fue tomado el 1 de diciembre,
aunque Bravo logró escapar.
Vicente Guerrero se
fortaleció en Politla y Ajuchitlán, logrando rechazar los ataques de Gabriel de
Armijo. En la costa del Pacífico los insurgentes Isidoro Montes de Oca y
Francisco Mongoy hicieron lo mismo con las fuerzas realistas comandadas por
José Joaquín de Herrera y José Aguilera. En cambio, el 17 de octubre, el padre
José Manuel Izquierdo y Pablo Ocampo sucumbieron ante los ataques de los
coroneles Marrón y Manuel Gómez Pedraza en Alahuistlán; solamente Ocampo logró
escapar. El 10 de diciembre, en las cercanías de Huetamo, un grupo de realistas
dirigidos por el ex insurgente José Antonio de la Cueva y por el cura José
Felipe Salazar se disfrazaron de insurgentes para así capturar a José Sixto
Verduzco, y al día siguiente a Ignacio López Rayón.Nicolás Bravo intentó
realizar el rescate, pero de igual forma fue capturado por los hombres de
Gabriel de Armijo el 22 de diciembre en el rancho de los Dolores en la Sierra
Sur.
EJERCITO
TRIGARANTE
El
27 de septiembre de 1821, la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México
vivió algo inusitado bajo el cielo azul que la cobijaba. Una multitud
expectante, compuesta por personas de todas las clases sociales, trepidantes de
alegría, esperaban la llegada del Ejército Trigarante, comandado por el coronel
Agustín de Iturbide.
Hombres y mujeres de todas las edades lucían
en el pecho distintivos con los colores de la nueva bandera como emblema de la
independencia: el blanco, simbolizando la pureza de la religión; el rojo, la
unión entre mexicanos y españoles, y el verde la independencia.
El Ejército Trigarante entró a la ciudad,
marchó por Bucareli, dio la vuelta a la derecha por la calle del Calvario y en
la calle de Corpus Christi (hoy avenida Juárez) prosiguió su marcha por un
costado de la Alameda. Cruzó la calle de Santa Isabel (hoy Eje Central Lázaro
Cárdenas), pasó junto al convento de San Francisco y frente a la casa de los
Azulejos, y por Plateros (hoy Madero) finalmente entró a la Plaza Mayor (hoy
conocida como Zócalo).
Durante el trayecto, Iturbide y su ejército
estuvieron acompañados por aclamaciones de júbilo de la multitud. A lo largo
del recorrido las calles lucían imponentes y engalanadas. Los balcones de las
casas ricas estaban adornados con colgaduras, destacando los colores de la
bandera tricolor. En su camino el jefe del Trigarante se apeó de su caballo
bajo un arco triunfal, en la esquina del convento de San Francisco. Allí lo
recibieron los regidores del Ayuntamiento para entregarle las llaves de la
ciudad entre aplausos, marchas militares, salvas de artillería y el repique de
campanas de las iglesias de la capital, que al unísono celebraban el triunfo de
la independencia. Iturbide, de frac, botas, sombrero con tres plumas y una
banda tricolor, irradiaba gallardía. Ya nadie recordaba su cruel persecución
contra la insurgencia.
Iturbide devolvió al decano del Ayuntamiento
las llaves de la ciudad y pronunció con voz enérgica: “Las llaves que lo son de
las puertas que únicamente deben estar cerradas para la irreligión, la desunión
y el despotismo, como abiertas a todo lo que puede hacer la felicidad común,
las devuelvo a Vuestra Excelencia”. Volvió a montar su caballo y, acompañado de
los miembros del Ayuntamiento y los indios de las parcialidades de Santiago,
continuó su marcha al Palacio Virreinal, entre las aclamaciones del público.
Allí fue recibido por Juan O’Donojú, último capitán general de Nueva España,
que prácticamente ya no pudo ocupar el cargo, pues cuando arribó a Nueva
España, la independencia era un hecho. Iturbide y O’Donojú salieron al balcón
principal para ver el desfile de las tropas entre vítores y aplausos de la
multitud.
Juan
O'Donojú
Juan O'Donojú entregó el gobierno de Nueva España a Iturbide, rompiendo con ello los vínculos que unían a México con España. Antes de dimitir, hizo reconocer su autoridad ante el virrey usurpador Francisco Novella y entró en la ciudad de México, el 26 de septiembre, para ponerla un día más tarde a disposición de Iturbide. Se adhirió al movimiento libertador, participó en la junta que redactó el acta de independencia mexicana y falleció muy poco después (el 8 de octubre de 1821) en la ciudad de México.
Firma
de los “Tratados de Córdoba,
El 24 de agosto de cada año, se festeja la firma de los “Tratados
de Córdoba”, suceso ocurrido en 1821. La firma de este documento, contribuyó a
dar legalidad a la independencia nacional.
El 30 de julio de 1821, desembarcó en Veracruz, el
capitán general don Juan O’Donojú, virrey de la Nueva España, quien se encontró
con que la independencia mexicana era casi un hecho. Por lo tanto, decidió
entrevistarse con Agustín de Iturbide, jefe del Ejército Trigarante.
Después de intensas pláticas, el representante del rey
español llegó a la conclusión, de que era irreversible la independencia
mexicana. Por lo tanto, decidió evitar una ruptura total entre España y México,
mediante la firma de estos convenios, que se realizó el 24 de agosto de 1821,
en la Villa de Córdoba, Ver.
La importancia de estos tratados, radica en que son el
reconocimiento del representante del rey de España, a la independencia de la
Nueva España, y contribuyen a dar legalidad al nuevo Estado Mexicano.



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